domingo, 17 de marzo de 2013

Todos los caminos conducen a Roma

No puedo comenzar esta historia sin declarar mi admiración por el Papa Benedicto y por su gesto de hacerse a un lado ‘para el bien de la Iglesia’. Me siento muy bendecido no sólo porque me tocó participar de una audiencia con él en Australia cuando trabajé como voluntario en las Jornadas Mundiales de la Juventud, sino ante todo luego de escuchar su catequesis en Roma en el mismísimo Vaticano. Creo que el Espíritu lo animó a ser un verdadero Vicario de Cristo. El no tendrá un funeral pomposo en la Plaza de San Pedro. Fue martirizado por muchos católicos por haberse ‘bajado de la cruz’. Y ante muchos quedó como alguien que no se las pudo ante la curia, ante la edad o ante la corrupción. Pero para mí y para muchos será recordado como alguien que va mucho más allá de esas realidades superficiales. La tradición cuenta que Pedro tuvo una muerte similar a la de Jesús pero con una gran diferencia. Pedro - que había negado a Jesús 3 veces y que fue unos de los más duros y arrebatados a la hora de entender su mensaje - pidió expresamente ser crucificado boca abajo porque no estaba al mismo nivel de Jesús y quería morir de la forma más sencilla posible. Benedicto de una u otra forma también fue crucificado por el mundo boca abajo. Porque él no quiso ser la estrella del show, todo lo contrario. No temió el hacerse a un lado, quizás de manera humillante, para que Cristo resaltara. Prefirió en cambio vivir los últimos años que le quedan como ‘un peregrino’ alejado del mundo y apegado a la oración: Todo lo contrario a lo que se hace en el mundo moderno. Para mí este gesto junto con la rica experiencia que me tocó vivir de su papado me hacen pensar que es realmente un hombre santo y le pido a Dios que su experiencia y su amor por la Iglesia no pasen desapercibidos en sus últimos años de vida. Sin embargo, mi historia con el Papa Benedicto y ahora con el Papa Francisco parten con otros encuentros anteriores que les contaré brevemente y que desencadenaron la decisión de una de las experiencias más ricas de mi vida y cuyo ‘éxito’ será juzgado en los años que vendrán. Me ha tocado en la vida conocer a 3 cardenales en 3 países diferentes. Algo que muy pocos católicos ‘comunes’ tienen el privilegio de. Aquí van las historias. Mi primera experiencia cardenalicia fue el 2008 en Pucón, un mes antes de ir a Sydney por primera vez. Me mandaron a comprar pan a la ciudad (a lo que yo no fui muy contento) y aproveché de pasar al banco a sacar plata del cajero. Para mi sorpresa me encuentro en la entrada con el Cardenal chileno Francisco Javier Errazuriz y me acerqué a saludarlo. Le conté que estudiaba Pedagogía en Religión y me felicitó por haber tomado esa decisión porque ‘se necesitan jóvenes que elijan esa opción, hoy más que nunca’, me contó que estaba de vacaciones y que su hermano vivía en Pucón. Luego, cada uno se dirigió a su cajero y cuando salimos del banco le pedí que me diera su bendición. Yo pensé que mi experiencia cardenalicia terminaría ahí, pero era lejos todo lo contrario… El año pasado ya en Australia fui a Misa de Corpus Cristi en la Catedral de Sydney porque sabía que la iba a celebrarla el Cardenal George Pell que tantos recuerdos hermosos me traía a la mente luego de haber vivido las Jornadas Mundiales de la Juventud 4 años atrás. El celebró la Misa de Apertura de las Jornadas (habló entre otros un fantástico Español) y nos ‘presentó’ al Papa Benedicto en esa mítica audiencia para los voluntarios antes de que el Papa se fuera a Roma. Las Jornadas fueron la última semana de mi tiempo en Sydney. Y el haber vivido esa experiencia en los últimos días de mi estancia en Australia hicieron que toda la experiencia fuera aún muy emotiva. Es más, siempre he dicho que esa semana fue la más feliz de mi vida porque viví todas las emociones posibles a través de muchos sentimientos encontrados y pensando eso sí, que nunca más me iba a tocar volver a este país. En todos esos eventos siempre retumbaba el acento tan particular del Cardenal Pell, por lo que haber tenido una misa con él fue muy emocionante. Luego cuando salí de la Catedral, la muchedumbre se abre y quedó frente a frente con él y como nunca antes quedé petrificado. No sólo por ser el Cardenal, sino por sobre todo por los hermosos tiempos que viví y dónde el siempre estaba guiando y acompañando. Quedé con la boca entre abierta y él lo notó. A duras penas le logré pedir su bendición (yo estaba nerviosísimo) y sin muchas palabras me fui muy emocionado a mi casa. Como me hubiera gustado decirle ‘Nos vemos en Río de Janeiro el 2013’, pero simplemente no me salieron las palabras. Recuerdo ir caminando a tomar el bus cuando miré el cielo y dije medio en serio y medio en broma: ‘Señor, si me concedes la dicha de conocer a otro Cardenal en mi vida, lo tomaré como una señal de que tengo que viajar a Roma’. Mi pensamiento quedó ahí, pero nunca pensé que el destino sería tan revelador conmigo…. En mi visita a Chile el año pasado ya me rondaba la idea de viajar a Europa. Quería tener la experiencia de viajar sólo alguna vez en mi vida, pero quería ir a hacer un curso a Inglaterra en mi calidad de Profesor de Inglés. Sabía por la experiencia del año anterior que el verano en Sydney era muy largo e incluso uno se aburre porque no se puede trabajar y tampoco iba a viajar a Chile pudiendo ir a otro lugar. Y bueno, el viaje a mi país fue muy exitoso, tenía una estancia de dos días en la amada Buenos Aires luego de Santiago así que me fui de compras en Argentina y a la vuelta pasé a rezar a la Catedral (como tengo la costumbre en todas las ciudades que visito). Estaba rezando y hacen el anuncio de que habría misa en 5 minutos en una pequeña capilla de la Catedral. Lógicamente voy a la Eucaristía y es oficiada por alguien que yo pensaba que era un Obispo (es muy difícil diferenciarlos cuando están con ropa de celebrante). La capilla era muy pequeña (lejos para menos de 50 personas) y yo me quedé atrás de pie mientras la gente empezaba a murmurar lo que yo ya sospechaba luego de haberle visto el pequeño gorro rojo cuando se sacó la mitra: era el tercer cardenal. Yo no sabía quién era en realidad, pero me gustó mucho su homilía sobre la ayuda a los más desposeídos y me llamó de inmediato la atención su humildad y sencillez. Luego al terminar la misa, yo fui el primero en salir porque estaba al lado de la cortina y tuve la posibilidad de hablar con el que hoy es el primer Papa Latinoamericano en la Historia de la Iglesia. Le conté que era de Chile, que era Profesor, pero que actualmente vivía en Australia, que había viajado a Sudamérica por algunas situaciones particulares, y que me encantaba la Argentina. El me dijo que conocía Chile muy bien y que era un país muy lindo (ahora supe que estudió en Chile, pero en ese momento pensé que sólo era un cumplido protocolar). Le pedí que se acordara de mí en sus oraciones porque se me venía un año muy duro en mi vida y que me diera su bendición. Luego de darnos la mano, yo le dije ‘Bendiciones Cardenal’ y él me dijo con mucha calma ‘Reza por mí’. Yo recé por él y ahora es Papa, elegido un 13 de Marzo, festividad de San Rodrigo. No me pueden negar que tengo el toque mágico, o no? El día de la elección recibí un mensaje de Chile avisándome que ya había Papa y que era argentino. Entro a Internet a las 6 am, abro el Clarín (diario de Argentina) y me emocioné demasiado cuando lo vi en la portada. No sólo había conocido a tres cardenales y había escuchado la catequesis de Benedicto en Sydney y en Roma, ahora me había tocado conocer a un futuro Papa y sentí emoción y temor. Emoción por la bendición tremenda de esa experiencia y temor porque todo esto no puede pasar por casualidad. Qué más me puede tocar mañana? Qué me quiere decir Dios con todo esto? Por qué me toca vivir estas cosas? Le pido calma a mis fans, no voy a ser sacerdote, pero creo que las bendiciones van por otro lado. Y bueno, vuelvo atrás hacia la Catedral de Buenos Aires. En ese momento regresé muy feliz al hotel sabiendo lo inevitable: Dios me enviaba a Roma, a la experiencia espiritual y a la aventura personal más grande y compleja de toda mi vida: y bueno ustedes ya saben el resto. Mucha agua limpia y turbia pasó bajo el ‘puente romano’, y tomé varias decisiones concretas sobre mi futuro ahí de rodillas rezando como todo católico y Profesor de Religión debiera hacer por lo menos una vez en su vida. El tiempo juzgará si era el momento de viajar a Europa o no, pero le cumplí mi promesa a Dios y a mí mismo: conocí el mundo y ante todo recé en Roma. Sé que pronto caerá una gran responsabilidad sobre mis hombros porque todas las bendiciones, lo que me ha tocado aprender y las maravillas del mundo que he visto no son casualidades. Sea lo que sea ya oré frente a la tumba de San Pedro y escuché señales muy claras sobre lo que viene. Pero me siento preparado para lo que venga, sea lo que sea, y traiga quién lo traiga. Sin embargo, tengo la certeza de que esa responsabilidad no me espera aquí, sino al otro lado del océano. Sólo le pido a Dios me siga dando salud y fuerza para librar esa batalla porque estoy seguro que será la más grande de todas.

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