jueves, 31 de enero de 2013

Cumplí mi sueño de caminar por Paris

Neruda dijo en su verso inmortal: ‘es tan corto el amor y tan largo el olvido’ y obviamente se refería a una mujer. Pero sería posible dedicarle esos versos a una ciudad? A su aire? A sus monumentos? A su idioma? Creo que París se merece estos versos; porque Neruda entendió que es una de las principales ciudades del mundo, es un lugar para soñar y que el que la deja anhelará siempre con volver. Me uno a él, y me uno a esa larga lista de admiradores que tiene esta ciudad. No podría no hacerlo. Todo comenzó con una verdadera aventura lingüística. Casi pierdo el vuelo por la incompetencia y la arrogancia de un italiano y luego cuando llegué a Francia descubrí que las instrucciones que Aude (mi amiga que me iba a recibir) no iban a servir porque este no era el aeropuerto al que ella pensaba que yo iba a llegar. Así que a las 8.50 pm comencé la travesía de encontrar la casa de mi amiga sin un mapa, no comprendiéndole absolutamente nada a los franceses, sin recepción en mi celular europeo (que de europeo no tiene nada), con hambre y con 3 grados bajo cero. Luego de 3 horas de travesía con gente con la que me comuniqué con señas, otros con inglés champurreado y hasta una inaudita mezcla de portugués, francés y español añejo que pude comprender logré llegar a la casa de mi amiga y como el guardia de su residencia no entendía Inglés (como la mayoría de los franceses), nos sentamos uno al lado del otro con Google traductor para comunicarnos. Cuando supo que andaba buscando a una amiga y le mostré la Carta de Invitación en Francés que me dio Aude, él dijo ‘Ula lá’ tomó su celular, llamó mi amiga y el Gurú fue recibido con un abrazo, una sopita exquisita y copuchas de un año sin contar por una de las mujeres más inteligentes que he conocido. Había llegado a París… El primer día fue de caminata y perderme por una ciudad a -3 grados bajo cero. Pensé que no habría nadie, pero fue todo lo contrario: estaba llena de turistas aunque ni siquiera con un asomo de la multiculturalidad de Sydney. Y por cierto la gente que vi es linda, pero no hedionda, será por qué es invierno?. Pero bueno, lejos lo que más me llamó la atención fue la forma de demostrar afecto de los franceses. Y no hablo del doble beso que se dan cuando se saludan. Sino de las parejas y el amor que ronda en el aire. Cuando las parejas se encuentran o simplemente cuando caminan por el río Siena se besan como si se fuera a acabar el mundo y aunque a veces es un poco chocante que cuenten dinero delante de los pobres (literalmente delante) tiene algo mágico. Demostrarse amor siempre es lindo y los franceses son expertos en ello. Sin mencionar que cuando pasas el río Siena (mientras ves la majestuosidad de los edificios antiguos) llegas a un lugar en el puente antes de Notre Dame en donde hay candados en que se escriben las iniciales o los nombres de los amantes junto con flores para invocarle al Siena su protección. Con la Torre Eiffel de fondo y ese aroma del idioma francés quién podría negar que eso no es romanticismo?.
Una de mis primeras paradas fue la Catedral de Notre Dame que va a cumplir prontamente 850 años. Verla desde afuera es ya impresionante, pero por dentro lo es aún más. Los ventanales, las gárgolas, el altar y por cierto los turistas anuncian que ese es un lugar especial. Y tal como lo hice en el Vaticano (ya les contaré sobre la visita), me arrodillé y le pedí a Dios por ‘nuestra victoria’ como siempre le digo, que se aleja y se acerca con los ciclos de la luna, pero que en Notre Dame tienen otra connotación. A pesar del tumulto de turistas hay siempre un espacio de silencio, y aunque ahí Dios habla Francés Imperial, sé que también entendió mi Español sudaka... Luego de tomarme la foto de rigor afuera de Notre Dame simplemente caminé viendo recuerdos, escuchando a la gente, hablando con una que otra persona y luego cuando llegué a la casa de Aude en metro (el metro más hediondo en el que he estado) Aude me mató y después me revivió: Primero me informó que ‘Pepe le Puf’ el mítico héroe cochinón de mi infancia, símbolo de la perseverancia y del entusiasmo no era francés, ERA GRINGO y se me cayó el mundo. Pero luego para reponerme me anunció que iba a invitar a una amiga italiano-francesa para cocinarnos una comida típica de Suiza pero que se come mucho en París (ver foto). Así que con mucho queso (la palabra mucho queda corta) jamón e ingredientes secretos que nunca descifré fueron los encargados de enviarme muy feliz a la cama para el día siguiente, uno de los más agotadores de mi vida.
En el día segundo el protagonista fue El Louvre de París. Que increíble pensar cuantos artistas han pasado por aquí y han venido a crear, incluido nuestro Neruda que fue embajador en esta ciudad o Borges que pidió morir aquí, en el mismo lugar en que cayó Oscar Wilde. Y ante el Louvre me declaré un ‘admirador ignorante’ con una cantidad de arte tan colosal y poderosa que la mente no alcanza a procesar, aunque también vi obras arqueológicas griegas, egipcias y romanas, incluida ella: la Mona Lisa, que de Mona y de Lisa no tiene nada. Sólo me dio pena que no me haya funcionado mi cámara (está fallando en medio de la mega aventura, pero usé el celular). Luego habríamos de volver con Aude para tomarnos fotos en la pirámide del Louvre, punto de encuentro para el último día. Luego al llegar a a la casa de Arcueil Cachan tuve una experiencia muy parisina. Aude me invitó a una obra de teatro que era en Francés. Supuestamente era un musical, pero resultó ser una comedia de superhéroes en la que no entendí NADA, pero en la que igual me reí porque existen chistes universales (y por último pa hacerme el que entendía). Afortunadamente, todos los amigos de Aude eran estudiantes de Inglés, así que nos comunicamos muy bien en lo poco que duró el receso teatral. Bonita experiencia aunque no entendí nada :/ bueno algo…
El día más mágico de todos fue cuando dos platos fuertes se juntaron en una sola jornada. Tomé un tour al Palacio de Versailles y no sólo recorrí ese lugar majestuoso (incluido el clásico Salón de los Espejos), sino ante todo me maravillé con los jardines, con sus diseños, con la casa de descanso de María Antonieta y con toda la historia que se escondía detrás del Palacio. Eso sí; me pasó una cosa muy sudaka. Cuando esperaba el tour escuché a alguien hablando en Español y le pregunté ¿son latinos? Y me dijo ‘somos chilenos’ PLOP y después otros tipos dijeron, ‘nosotros también’ y yo no podía ocultar mi cara de emoción... pero intenté ser amigable aunque para mi sorpresa cada uno partió por su lado en el Palacio (los del tour eran todos chilenos). Luego al regreso y con un hermoso atardecer, pedí que me bajaran antes cuando la vi a ella por primera vez: La Torre Eiffel en el atardecer y con sus luces a punto de aparecer. Siempre la llamé ‘el fierro parado’ antes de conocerla porque nunca pensé que tuviera gracia, pero cuando estás viéndola algo ocurre en el aire que no se puede explicar. Fue como el sentimiento de cuando vi a la Casa de la Opera de Sydney de noche por primera vez o como cuando te enamoras: no lo puedes explicar con palabras, simplemente hay que sentirlo para entenderlo. No es la belleza de las obras (aunque ciertamente son bellas) es más el decir ‘Wow, estoy aquí’. Y luego de las fotos de rigor, se oscurece y comienza a brillar (como desde el 2002 lo hace para marcar las horas) mientras los amantes se abrazaban y los turistas compraban croissant al cruzar el puente del río Siena. MÁGICO!!!
Otra de las visitas que me gustaron fue el Centro Pompidou, el Museo de Arte Contemporáneo más grande de Europa en la que vi obras de Picasso, de mi amado cubismo (que me gusta tanto y por fin entendí porque la Waleska me dijo que yo era cuadrado, aunque yo me defino simplemente como un polígono regular) y por sobre todo tuve la maravillosa posibilidad de ver las obras maestras de Dalí, UN PERSONAJE que incluso me inspiró ahí mismo a escribir un ‘poema parisino’; el primero de la visita a Europa. Pero, el último día fue lejos el más esperado porque realicé una caminata que esperé por muchos años: Los Campos Elíseos de París o en francés Les Champs - Elysées, una de las pocas cosas que - según mi amiga Aude - puedo pronunciar perfectamente en Francés. Todo comenzó en la Plaza de la Concordia donde hay un obelisco egipcio que marca exactamente el punto en que los traidores a la Revolución eran decapitados. Es la avenida más importante y conocida del mundo y tiene al final el Arco de Triunfo (que escalamos para tener una de las vistas más hermosas de París con las ‘Avenidas estrella’ y una imponente Torre Eiffel a la derecha) pero que por sobre todo tiene una historia muy bella. Se le llamó Campos Elíseos a esta Avenida debido a la traducción griega del ‘paraíso cristiano’. Se dice que el que la atraviesa y cruza el Arco del Triunfo ha alcanzado la victoria de su batalla. Pero para poder llegar a ella y atravesar el arco debes haber peleado muy duro incluyendo una ‘estancia en el infierno’ que ya has superado si la atraviesas. Luego de la pelea y de haber pasado por el río Siena tienes tu entrada el cielo asegurada y los Campos Elíseos son entonces la entrada al paraíso. Me emocioné mucho cuando leí la historia, porque si bien es cierto no creo haber pasado por el ‘infierno’ en estos años, si he tenido una mala suerte sin precedentes desde mi llegada a Sydney (y antes también me tocó trabajar muy duro para ganarme esto, aunque todos piensen que vivir en el extranjero es grito y plata) entonces el haber visitado Francia, haber caminado por la noche parisina y haberme sumergido aunque sea algunos días en la cultura francesa y por sobre todo haber hecho esa caminata, fue honestamente, una caricia de Dios. No podía no escribir entonces mi ‘segundo poema parisino’ ahí en ese lugar… La última noche en París entonces no podía ser en otra parte. Volvimos a los Campos Elíseos y cenamos junto a la familia de Aude en un restaurante sencillo (ajustado al presupuesto), pero comiendo algo típico francés: Brochetas de carne negra con papas, muse de chocolate y un rico vino. Tal como Aude; su familia habla un perfecto Inglés (nada que ver con ese acento chistoso del resto de la población) y fueron la mejor compañía posible para la última noche en París en la que dejé mis pies, mi alma y mi corazón.
Postdata y curiosidades del viaje: 1. Aude tenía estrellas fosforescentes, compradas en Sydney y pegadas por toda su pieza. Siempre quise dormir así, literalmente mirando las estrellas en París. 2. Su oveja de peluche que se compró en Noruega fue un verdadero personaje, sólo superada por Dalí, en la visita parisina. 3. Me llamó la atención que andan militares en todas partes. No pacos, sino militares. Resulta que Francia envió tropas a Mali (África) y entonces hay alerta máxima de terrorismo, sobre todo en París. Tanto así que cuando fui a comprar una bebida en el aeropuerto - y le dejé mis cosas encargadas a alguien - dos militares estaban custodiando mis pertenencias y tuve que convencerlos en un muuuuuy lento Inglés que las mochilas eran mías y que yo no era un peligro para Francia. La dura… 4. A las puertas del Arco del Triunfo una familia me quedo mirando y luego me hablaron para preguntarme donde quedaba el metro. Y me dijeron en un muy lento Español MEEEEETRO. Y yo dije en Francés ‘Lo siento, no hablo Español’ y cuando se fueron, les grité ‘Hey Spain, I am South American’. Fue una pequeña venganza por cagarnos por más de 500 años (que malulo que soy :p) 5. Cumplí mi promesa de mandar una carta y una postal desde Francia, pero nadie hablaba Inglés, así que me comuniqué como pude, incluso me pasé el dedo por la lengua para decir ‘estampilla’, más histriónico no puedo ser… 6. Me creerían si les digo que si combinara el dinero que gasté en tours y museos no me alcanzaría ni siquiera para una entrada al acuario de Sydney? La cultura aquí está al alcance de todos y si, lo confirmo, Paris es MUCHO más barata que Sydney y eso lo encuentro francamente ridículo. 7. Los supermercados en París están plagados de queso tal como los supermercados en Roma están plagados de Pasta :p 8. Tengo mucha pena y rabia porque perdí mi vuelo de vuelta a Roma debido a la ignorancia de los trabajadores de los stands de información de París que o no sabían dónde estaban los lugares o su Inglés era cercano a 0 (o ambas). Fue un golpe horrible al presupuesto comprar otro ticket... 9. Se los recomiendo: París es mágica, pero no es para venir sólo. Me hubiera gustado recorrerla con alguien ‘especial’ 1313 pero para otra vez será…y si más encima no hablas Francés….tai cocinao! 10. El croissant du chocolat es la raja AU REVOIR

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